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Es maravilloso ser hincha de un equipo perdedor

Los aficionados de hoy se dejan llevar por los resultados de su equipo: si el equipo gana, ganamos y si pierde, perdieron. Pero ¿Por qué hay hinchas que siguen apoyando a un club perdedor? Yo, soy aficionado de un equipo chico y te aseguro que es maravilloso.



Juan Villoro: "Ser hincha de un equipo perdedor es una 
escuela de paciencia"




Los equipos "chicos” y "perdedores", son aquellos que representan a las víctimas.


Son los equipos sin capital económico para fichar a la estrella del momento; tienen que aprender a conformarse con los sobrantes de otros equipos. Cuando juegan contra un "grande", parten como víctimas, pero, cuando rompen ese estereotipo y ganan, se convierten por un momento en gigantes.

Este partido se fue referente a la última jornada de la Champions 18/19.  El CSKA Moscú se metió a el Santiago Bernabéu y logró sacar un resultado histórico. Los Rusos que partían como victimas y lograron ganar 0-3.
Este partido se fue referente a la última jornada de la Champions 18/19.
El CSKA Moscú se metió a el Santiago Bernabéu y logró sacar un resultado histórico. Los Rusos que partían como victimas y lograron ganar 0-3.

Se pueden arriesgar a la locura.

Los “grandes” están siempre obligados a ganar, no solo el partido sino el campeonato.
El estilo de juego, la identidad y el legado no importan, siempre y cuanto se consiga sumar un título más, aunque claro hay excepciones como el Barcelona de Pep Guardiola.

Los equipos "perdedores" se pueden permitir apostar por proyectos a largo plazo y buscar una identidad, ya que no tienen la presión de ser campeón todos los semestres.


Víctor Manuel Vucetich, entrenador mexicano que se carterista por llevar proyectos de poco presupuesto y lograr consolidar buenos equipos, por eso su popular apodo "El rey midas”, ya que lo que toca lo convierte en oro.


Tu afición se convierte en obsesión.

Estar 90 minutos pegado al televisor, morderte las uñas en un partido trepidante, aprender que también se puede llorar de alegría, hacer plegarias para que Dios baje, se ponga los botines y juegue con la indumentaria de tu equipo: son algunas de las locuras que se hacen cuando apoyas a un equipo así.

Los "chicos", te dan muchos motivos para festejar, pues las cosas insignificantes se pueden convertir en un éxtasis por meses, como ganarle el derbi a tu odiado rival, no descender, golear a un grande o clasificar a la liguilla. 

Pero la razón más genial que te dan estos equipos para festejar, es cuando nadie da ni un peso por ellos y logran callarle la boca a todo el mundo, demostrando que nunca los debes menospreciar, logrando consagrase como el “El caballo negro” del torneo.

Los "grandes" no te dan estas razones para celebrar, para ellos vencer es algo normal, algo obligatorio. Lo único que un aficionado "grande" puede festejar es el salir campeón, o al menos hasta que no se convierta en algo común.

La definición de "caballo negro" por excelencia, el humilde equipo inglés Leicester City, logró la hazaña de salir campeón de la Premier League en 2016.


Ser hincha de un equipo "chico" es sinónimo de representar a la minoría rebelde, futbolísticamente hablando.

Representamos a ese sector de la población que se atreve a ser diferente, no somos ni mejores ni peores, solo especiales: los que entendemos que el futbol no solo es ganar, sino entretener por amor al juego. 

Somos muy pocos, pero aquí es donde se ve reflejado ese momento en que te encuentras a un aficionado de tu mismo equipo, y automáticamente se convierte en tu hermano. Puedes charlas horas y horas en tu nueva fraternidad, recordar tardes mágicas y momentos de felicidad que aquel conjunto los ha hecho pasar.
En mi caso, me encanta que me relacionen con lo distinto, raro y especial.

Schumacher, ex-piloto de Fórmula 1 y John Lennon, miembro fundador de los Beatles. Son aficionados del Racing de Avellaneda, equipo Argentino. Si se conocieran, estos dos genios, ¿Se imaginan la gran plática que tendrían?


Te vuelves fiel y leal a la causa.

En palabras de Eduardo Galeano. "En su vida, un hombre puede cambiar de mujer, de partido político o de religión, pero no puede cambiar de equipo de fútbol”.

Aférrate a la idea de que algún día llegará ese ansiado título, te crea una fidelidad impresionante. No estás dispuesto a cambiar de equipo porque no sería lo mismo; prefieres aguardar, conociendo que existe la posibilidad de que te quedes esperando el resto de tu vida. 

Será un orgasmo total cuando por fin sean campeones, mientras que la lealtad a tu equipo se encuentra en el día a día, en disfrutar domingo a domingo verlos patear la redonda, por amor a la camiseta.

Recordando el caso de los aficionados al Cruz Azul. Son el blanco de burlas en México. Torneo tras torneo es una decepción para ellos: 22 años sin ser campeones. Pese a ello, siempre están ahí para apoyar a la máquina con la ilusión de que, por fin, se acabe esta espera de la novena estrella en su escudo.


Aunque también hay varios retos.


No es tarea fácil apoyar a un equipo "chico", hay tardes donde simplemente no se ve la luz al final del camino. Por el bien financiero del conjunto, los directivos toman la decisión más dura para un aficionado: vender a un ídolo, a veces se vuelve más fácil olvidar a una novia que a un referente, el cual te dejo jugadas mágicas, recuerdos especiales y servía como enlace de identidad con tu equipo; te queda una sensación de impotencia y frustración de verlo portar los colores de otra institución.

Sin lugar a dudas, el momento más duro que puede vivir una persona en su vida o al menos referente a el futbol, es ver a tu equipo descender. No existe palabra para describir esa sensación. La impotencia de no volver a ver, por al menos en un año a tu equipo jugar en el máximo circuito, la frustración de quedarse a un punto de la salvación y el coraje de que se tendrán que ir algunos jugadores pues es imposible mantener sus sueldos.




 Testimonio.

Pudimos contactar a Rodrigo Torrubia, fiel seguidor del Atlante, amablemente accedió a contestaros unas preguntas referentes a su amor por los Potros de Hierro.

Su afición por el Atlante, comenzó de una manera muy particular:


Yo le voy al Atlante por convicción y amor al futbol. La primera vez que supe de ellos fue un día viendo Acción. Fue la temporada en la que descendió. Recuerdo que vi salió que descendía el equipo y no entendía qué pasaba (estaba chiquito). Le pregunté a mi papá y me explicó cómo funcionaba, y me dijo que era un equipo que le echaba muchas ganas pero ni así ganaban suficientes puntos y ya no estarían más en primera.

Yo realmente no tenía afiliación hasta ese momento. Medio me caían bien los Tigres, porque tenía un balón de ellos que era el que me compraron mis papás para ir a entrenar en primero de primaria, pero me daba igual. Con eso me empecé a meter al deporte y a clavar en el fut.

Recordó aquel trabuco de equipo en la campaña 1992/93.

El siguiente año, como el León bicampeón de hace unos cuantos años que probablemente sí te tocó ver, el Atlante regresó como un maldito demonio forjado de fuego y poder, un auténtico trabuco, dominador, hijo de la chingada creado desde las raíces de las fuerzas básicas del potro que terminó en primer lugar general y de milagro tiraron en la liguilla. Jugaba increíble, era un Barcelona de Pep mexicano.

Lavolpe revolucionó cómo se jugaba en México. Tenía a Felix Fernández, que hablaríamos de él como deidad si no hubiera existido un Jorge Campos. Era un equipo tan cabrón que se daba lujo de tener de reemplazo en la portería a Alan Cruz. Y luego Miguel Herrera, Graniolatti, Masachessi, El Profe Cruz, Roberto Andrade, Memo Cantú, René Isidoro García, el Potro Gutiérrez, Daniel Guzmán y Luis Miguel Salvador. De banca nada más a Don Manolo Negrete.

Nos hablo sobre su amor a el Atlante.

Era ver futbol increíble, que nunca había visto. Me enamoré por completo, y luego entendí su historia, sus colores, su identidad, y era mi equipo porque era totalmente como yo. Me ha tocado verlos descender, ganar, ir a un mundial de clubes, meterle un gol al Barcelona de Messi, venir a la ciudad de México de Cancún para ver cómo mi equipo se regresaba al lugar donde vivía antes, como si me huyera, de todo, y siempre lo voy a amar. Ningún otro equipo me interesa afectivamente. Me puede gustar como juegan miles, pero si ganan o pierden me da prácticamente lo mismo.
Campeonato del Atlante 2007


Conclusión 

Como lo dije al principio, soy fan de un equipo "perdedor". En mi caso, le voy al Necaxa.
Quiero citar un ideal que plantea Jorge Valdano, en su libro, “Los 11 Poderes del Líder”: 


"No puedes creerte la idea que cuando llegues a la meta, por fin podrás ser feliz. Lo verdaderamente importante, y dentro de eso se esconde la felicidad, es en disfrutar el camino.”

Con el Necaxa he aprendido a ser feliz sin llegar a ninguna meta, sino quedarme eternamente disfrutando el proceso. Vivir cada partido ganado, cada gol, cada jugada, cada pase; esto es lo que verdaderamente me hace feliz. Porque no cualquiera le va al Necaxa, y no cualquiera se mantiene Necaxista. 

Jugadores del Necaxa, después de sellar su boleto a las semifinales del torneo apertura 19/20.
En foto aparecen Jesús Angulo, Cristian "El chicote Calderón, Luis Felipe "El sobrevivinte" Gallegos y Ricardo Chávez.




-Diego Alejandro Albarrán Aramburu




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