Un día Dios se dio la tarea de crear un nuevo ser humano, pero decidió que este iba a ser diferente a los demás, no iba a tener dotes de intelectual ni de misionero; el regalo que decidió darle fue una zurda privilegiada. Así se creo a el ídolo, el cual nació abrazado a un balón.
Desde que nace ya sabe patear un balón, juega por diversión, ilumina los ojos que lo ven y es afortunado de recibir ovaciones múltiples después de cada partido. Sus habilidades con el balón
convocan a propios y extraños a llenar un estadio.
Pareciera que la pelota llega sola a él, que la pelota disfruta de estar en sus pies. Pude que fuera de las canchas se un bastardo y un mal ejemplo para la sociedad. Pero al ver que la pelota vine a él, la trata con tal sensibilidad que la duerme con la interna del pie, la invita a pasar con los tachones y la golpea con basta caballerosidad para ponerla en el ángulo, inalcanzable para el portero.
Cuando estés en el ocaso de tu vida te sentirás orgulloso e agradecido por haber visto bailar a el ídolo con la pelota empelando la elegancia y calma de la quinta sinfonía de Mozart, pero siendo contrarrestada por un rápido e eficiente rap de Eminem (Rapero contemporáneo). Le contaras a tus nietos que lo viste jugar y tus nietos se lo contaran a sus hijos y sus hijos a sus nietos.
Un ídolo no se hace, un ídolo nace.
Francesco Totti
-Diego Albarrán Aramburu.

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